sábado, 19 de junio de 2010

Robert Morrison El primer misionero protestante en China




El primer misionero protestante en China
Robert Morrison nació en Escocia, en 1782, en una familia muy piadosa, miembros de la Iglesia Presbiteriana. Eran muy pobres y su padre trabajaba fabricando hormas de zapato. Robert tuvo que dejar la escuela siendo muy chico para poder ayudarle, pero como le gustaba aprender, siguió estudiando en su casa.
A los quince años comprendió lo que es más importante comprender: que él era un pecador, un hombre perdido, y que para salvarse debía aceptar a Jesús como su Salvador. Él lo hizo y, después de ello, comprendió que era su deber llevar a otros la historia de ese salvador para que todo el mundo pudiera librarse de sus pecados.
Después de trabajar un tiempo en las Iglesias de Inglaterra, Morrison se enroló en la Sociedad Misionera de Londres con la idea de convertirse en un misionero a la China.
Para ese tiempo ya dominaba el latín, el griego y el hebreo.
Por ese entonces, no había ningún misionero protestante en la China, pero Morrison se propuso ir y ser el primero. Como el principal trabajo que le habían encomendado era el de traducir toda la Biblia al chino, se puso a estudiarlo, mientras se preparaba en Medicina y Astronomía.
En una biblioteca encontró un manuscrito que contenía la traducción de algunas partes dela Biblia y lo copió y lo estudió detalladamente, con la ayuda de un chino que se ofreció para ayudarle. Ese esfuerzo le fue muy útil, porque le permitió ahorrar un tiempo precioso cuando estuvo en la China.
Para llegar allí tuvo que realizar un viaje de cinco meses. El 4 de septiembre de 1807 llegó a la ciudad de Cantón, al sur del país, enfrente de otra ciudad llamada Macao, una colonia portuguesa. Allí estuvo durante un tiempo. Conoció a Mary Morton, con quien se casó en febrero de 1809.
Morrison no se dio cuenta de lo grande que eran las dificultades que tenía que vencer para llegar allí. Lo que sabía del idioma no le permitía ponerse a traducir la Biblia, pero cuando buscó a alguien que le enseñara, no pudo encontrarlo, porque existía una ley que condenaba a muerte a cualquiera que le enseñara el chino a un extranjero.
Finalmente aparecieron dos hombres que habían conocido a unos misioneros católicos y que aceptaron el trabajo, aunque llenos de temor. El miedo que tenían no era tanto a la muerte misma, sino a la forma en que los mataban, en medio de terribles torturas. Hasta tal punto estaban asustados que siempre llevaban colgado en el cuello un pomo con veneno para suicidarse si los descubrían.
Aprender el chino no es cosa fácil y por aquel entonces era mucho peor, porque no existían diccionarios ni buenos profesores.
John Wesley bromeaba diciendo que “el chino era un invento del diablo para que no se pudiera predicar el Evangelio a los chinos”. Milne, un misionero que más tarde sería el ayudante de Morrison, decía que “para aprender el chino se necesita: un cuerpo de bronce, pulmones de acero, cabeza de roble, ojos de águila, corazón de apóstol, memoria de ángel …y la vida de Matusalém”.
Además de trabajar en la traducción de la Biblia, Morrison se ocupó de hacer una gramática y un diccionario, para que los misioneros que fueran después de él, pudieran aprender el idioma fácilmente.
El que verdaderamente lo ayudó mucho fue un chino llamado Tsae A-ko, que iba por las noches a su casa. Cerraban bien las puertas y las ventanas, para que desde afuera nadie viera lo que hacían, porque sino su vida corría peligro, y se ponía a traducir o corregir, mientras que Morrison enseñaba a su amigo chino las verdades del Evangelio.
Tardó catorce años en traducir la Biblia y dieciséis en hacer el diccionario, que era de cuatro tomos con unas cuatro mil quinientas páginas cada uno.
Tsa A-Ko comprendió finalmente que lo que el misionero le enseñaba era la Verdad y se bautizó en 1814. Tsae A-Ko fue así el primer evangélico chino.
Después de haber traducido al Biblia, el problema era publicarla, porque las penas para el que imprimiera libros cristianos eran tan severas como para el que enseñara el idioma. Afortunadamente, luego de mucho trabajo, Morrison encontró quien lo hiciera, aunque secretamente. El miedo que tenía el impresor hacía que, cuando le mandaba los paquetes con Biblias, los envolvía rotulándolos con un título falso para disimilar el “peligroso” contenido.
Pero Morrison no solo se dedicó a traducir, sino que llegó a establecer en 1818 una escuela que se llamó Colegio Anglo Chino, conocido después como Ying Wa College. Este colegio fue trasladado a Hong Kong en el año 1843 cuando este territorio pasó a se controlado por los británicos. Esta institución permanece aún en la actualidad como una escuela secundaria.
Morrison nunca tuvo buena salud y, como trabajaba mucho, era imposible que se mejore completamente.
Murió casi repentinamente, el 1º de Agosto de 1834, en Cantón, China, cuando tenía cincuenta y dos años.
Durante su vida consiguió la conversión de poca gente, pero el trabajo que hizo traduciendo la Biblia y preparando el diccionario y la gramática, hizo posible la conversión de miles después de su muerte.